Más allá de la punta de iceberg. La función del síntoma desde una visión sistémico-relacional (I)

Uno de los aspectos sensibles de la clínica sistémica, que generó una transformación en la visión y la forma de comprenderlo, fue el concepto de síntoma en el paciente identificado. Este cambio paradigmático de la visión del síntoma es correlativo al nacimiento o construcción de una epistemología capaz de entender los “juegos familiares” y a la familia como sistema en transformación. Al principio de la historia del modelo sistémico se asociaba sistemas familiares rígidos o “muy perturbados”, con síntomas esquizofrénicos.  Por ejemplo, cuando se menciona que el síntoma esquizofrénico está sostenido por una familia muy perturbada, podría aun reflejar cierta implicación lineal y monódica de una visión psiquiátrica clásica, pero no por ello aun actual.

Si partimos de una primera ley relacional, es decir, que la conducta es un mensaje que involucra a los demás miembros del sistema, donde se genera tal conducta, somos fieles a los principios de la teoría de los sistemas, que Ludvig von Bertalanffy refiere en su libro Teoría general de sistemas.

“El organismo considerado como un todo y no como un agregado de partes indefinidas”

El principio de integración-totalidad se refiere a “un sistema no está hecho de partes independientes sino de partes interdependientes, por lo tanto un sistema no es la suma total de sus partes sino que es caracterizado por su unidad o todismo”.

Cada sistema es una totalidad, pero al mismo tiempo se reconoce como una parte integrada y correlacionada dentro de una totalidad más amplia con la que se comunica circularmente: psicológico-biológico-social.

La familia es un sistema total, integrado, por ello todo cambio que se produce a nivel individual causa cambios a otros niveles del sistema. Es imposible, desde esta perspectiva, estudiar la conducta o el comportamiento de un miembro del sistema sin entenderlo en sus interacciones con los demás elementos del sistema. Por lo tanto, si aparece un síntoma en un miembro del sistema, tendríamos (de acuerdo con el paradigma sistémico) que comprenderlo dentro del sistema donde apareció y en sus interacciones.

En los inicios de la lectura sistémica, aparece Salvador Minuchin (1974) cuando le pregunta

Salvador Minuchin

a un paciente deprimido: “¿Dígame, quien lo deprime?”. Ya no era la ortodoxa pregunta del porque, sino quien y para qué.

La familia como sistema abierto, co-varía en función de dos principios básicos: la estabilidad y el cambio. Es así que el sistema permite añadir una información que genera un cambio en el sistema, esto supone un crecimiento y aprendizaje familiar.

En el sistema terapéutico la familia asume nuevas pautas de actuación, disolviéndose aquellas pautas que eran generadoras de sufrimiento.

La retroalimentación positiva lleva al cambio, lo que significa perder el equilibrio y la estabilidad, permitiendo de este modo la creatividad, los recursos y el aprendizaje familiar.

Cuando entonces, aparece el síntoma dentro del sistema familiar. Según el paradigma circular del modelo clínico-sistémico, por ejemplo, la conducta disruptiva, el “trastorno de conducta” de Dylan (9 años de edad) podríamos corroborarlo con las pretensiones de la madre de darle un hermanito, pero en estos últimos tiempos la madre de Dylan ha tenido dos perdidas por aborto espontáneo. La pasividad del padre contrasta con la angustia y tristeza de la madre. Se exacerba la conducta de Dylan como si fuera un “bebé”. De hecho, Dylan se muestra muy preocupado por su madre, a través de “su” síntoma”, le dice (porque el síntoma es un mensaje comunicacional): “¿Para qué vas a tener un bebito, si ya tienes uno?”. Dylan se sacrifica y connotamos positivamente su sacrificio. Y también la madre, al querer darle un hermano o hermana, se sacrifica. Como podemos ver, esta es una hipótesis sistémica.

Del síntoma al sistema: La despatologización del paciente

Luigi Boscolo

Inicialmente, el Grupo Milán (conformado por terapeutas inicialmente desencantados del psicoanálisis y posteriormente sistémicos) atribuía los síntomas o problemas de uno o más miembros de una familia a un “juego familiar” de naturaleza patológica. Los factores biológicos se consideraban poco importantes, y la patología se atribuía a las relaciones intrafamiliares. El grupo se ocupaba ampliamente de la patogénesis, de los mitos y las creencias que estaban insertos en la relación entre los miembros de la familia (surgían determinados síntomas de determinados conflictos y pautas relacionales). Esto estaba en armonía con el pensamiento de la primera cibernética, según la cual observador y observado eran diferentes y la función del observador-terapeuta era la de “descubrir” los juegos patológicos (modalidad organizativa específica del sistema familiar). El grupo de Milán hacía diagnósticos del tipo familia con “compromiso esquizofrénico”, “compromiso anoréxico”, etc., desplazando la atención del individuo a la relación entre los miembros de la familia.

2 comentarios en “Más allá de la punta de iceberg. La función del síntoma desde una visión sistémico-relacional (I)

  1. Muy interesante el texto como cambiar el sistema desde la modificacion del depositario de la enfermedad, un cambio en una parte del sistema impacta en el total ,para generar la autoregulacion o un principio de equilibrio , como postura interesante, para el abordaje en familias

  2. Estimado Gino:
    He llegado a su blog, por dato proporcionado por Renzo Cavani.
    Permítame felicitarlo por la manera tan práctica de presentar la información en su blog. Me dedico a la formación de conciliadores en temas de familia, y en los cursos de capacitación desarrollamos la Teoría General de los Sistemas, pero por razones de tiempo no desarrollamos estos temas en profundidad, y vuestro blog me será de mucha utilidad para remitir a los estudiantes que deseen profundizar estos temas.
    Y estaré a la espera de nuevas publicaciones.
    Saludos,

    Martín Pinedo Aubián

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