El análisis semántico de la palabra crisis, viene del término chino de weiji (crisis), y se compone de dos caracteres que significan «peligro» y «oportunidad». Estas dos características de la crisis tienen que ocurrir al mismo tiempo. La palabra inglesa se basa en el griego Krinein que significa decidir. Las derivaciones de la palabra griega indican que la crisis es a la vez decisión, discernimiento y también «un punto decisivo durante el cual habrá un cambio para mejorar o empeorar» (Lidell y Scott, 1968).
Distintos autores diferencian las «crisis del desarrollo o evolutivas» de las «crisis accidentales». Las primeras son las relacionadas con el pasaje de una etapa de crecimiento a otra: el nacimiento del primer hijo, el comienzo de la escolaridad primaria, la adolescencia, etc.
En cuanto a las llamadas crisis circunstanciales o accidentales se caracterizan porque tienen un carácter urgente, imprevisto, inesperado: por ejemplo, muerte de algún miembro de la familia, enfermedades, accidentes, etc.
La experiencia que vamos a compartir en estas acotadas líneas es la crisis inesperada, dolorosa, circunstancial, y aún esta presente en todos los que –de alguna manera- sufrimos el impacto del terremoto del sur chico, hace ya tres años. Aquí en el Hospital las vivimos con aquellas familias que fueron derivadas de la zona de la catástrofe, en el último terremoto de Pisco: hombres y mujeres heridos fueron derivados desde la zona del terremoto sin tener la información de que habían dejado una hija o un hijo muerto en la zona del desastre como consecuencia de la caída de paredes y techos. Estos familiares no pudieron salvarse a tiempo.
Al inicio una parte de la familia (tías, hermanas de Yolanda y tío, hermano del padre), se oponían a que se le informe a Yolanda lo ocurrido. Pero era inevitable trabajar sistémicamente con el paciente, oponiéndonos a que no se le informe sobre la tragedia. Detrás de las crisis están las emociones de la familia y sobre éstas tenemos que empezar a trabajar. Buscando alianzas positivas, pudimos convencer a la familia que era impostergable la información y el inicio del duelo por parte de todos. Ellos disimulaban de tal forma ante la madre de la niña que, incluso, no podían asumir su dolor.
Yolanda, mujer y madre de 36 años, había sido evacuada de la zona de emergencia por una fractura de cadera y piernas al caerse una pared sobre ella. El trabajo sistémico tuvo como objetivo potenciar los recursos de la familia para admitir el duelo y la perdida. El esposo, ingeniero, que en el momento de terremoto se encontraba en otra provincia, tuvo que venir a Lima una vez que fue contactado por la familia de Yolanda. A él le informaron que Rosa había fallecido sepultada por la caída de una pared en Ica y a la madre se le dijo que la niña estaba bien en Ica.
En el transcurso de semana y media tuvimos que estructurar una relación terapéutica sostenedora con Yolanda y la familia. Elaboramos un plan para que la información que se le iba dando a Yolanda sea confirmada por el resto de la familia. Nos ayudó el modelo binocular del cambio, es decir, al lado de la información que tenía la madre acerca de la niña fuimos amplificando la información que se le había negado, y la forma como lo hacíamos era de forma sucesiva y sostenidamente. Con el apoyo de la psicóloga Gloria Cruz, acompañamos afectivamente la información cada vez más “dolorosa” acerca de lo que había acontecido con Rosa.
Al respecto se dio este diálogo entre terapeuta y la madre:
Madre: “Entonces, ¿Rosita está mal?» (a modo de pregunta).
T: «Sí…sí está mal… muy mal».
Madre: “Muy mal”.
T.: «Está en cuidados intensivos. Está luchando por su vida».
Madre (mirando al vacío): «Fue terrible el terremoto”.
T.: «Sí, sí. Fue demasiado para ella».
Partimos de la información que se le había dado a Yolanda, y desde allí le narrábamos la gravedad de las heridas de Rosa pero también su fortaleza, la lucha tenaz que hacía la niña, pero fue demasiado fuerte para ella el hecho mismo, algo contra lo que no se puede luchar; es decir, una experiencia ineluctable.
Una mañana, alrededor de la cama donde Yolanda estaba postrada, iniciamos la fase consumatoria de este proceso. Estábamos el esposo, y los familiares mas cercanos y de quien recibimos también la ayuda. A mitad de mañana le dijimos a Yolanda que Rosa estaba en el cielo.
La crisis del duelo tuvo un proceso exitoso, trabajando al lado de los familiares.
Evidentemente este proceso unió más a la familia y permitió el inicio del proceso de duelo.
Duelos relacionales
Los duelos tienen una historia relacional, con la persona que se pierde y la circunstancia en la que «se va» la persona.
Se dice que la muerte de un hijo es la pérdida más dolorosa que un padre o una madre puedan sentir.
Desde el lente sistémico, la pérdida o amenaza de pérdida de un miembro, es la mayor crisis que tiene que afrontar un sistema.
Cambio adaptativo
La familia como sistema autopoietico, se autorregula y auto organiza, en función de sus propios recursos (idiosincrasia).
que excelente labor hace quisiera saber si tiene alguna sucursal en ica …..gracias