«Entre lo real y lo imaginario». La atención telepsicológica: afrontar la pandemia desde la telecomunicación

Después de una catástrofe, siempre hay una revolución”

Boris Cyrulnik

Parte del título de estas cortas reflexiones: “Entre lo real y lo imaginario”  fue fugaz, y por un dialogo por whatsapp con mi amigo entrañable Julio Peche, conspicuo y erudito psicoanalista, sin dejar de lado su pasión por la docencia.

No quiero necesariamente pegarme a alguna escuela, modelo o técnica del abordaje terapéutico. Lo que sí tengo que aceptar es mi condición formativa en torno a la internalización de una visión de la vida, de las relaciones, de las  personas y –sobre todo- de las familias, desde un paradigma sistémico.

Es este paradigma sistémico, útil, me preguntaba, nos ayuda a entender, comprender e hipotetizar las vivencias, argumentos y narrativas de aquellas personas, trabajadores y trabajadoras de primera línea como médicos, enfermeras, técnicos y técnicas de enfermería, y todas aquellas personas que –como nosotros- laboramos en el ámbito hospitalario.

Entonces, para iniciar estas reflexiones, tenemos que focalizar los objetivos y la población que atendemos tele-psicológicamente. Creo que esta es la primera condición para trazar un camino de afrontamiento y abordaje. La situación traumática de estos profesionales, con la que nos contactamos son personas que están contagiados y contagiadas de covid19.

Es posible que mis colegas estén tele-trabajando con otras personas, pero es imprescindible describir con quién vamos a tele-trabajar; es decir, qué persona y bajo qué condiciones y situación emocional la encontramos en situación de “crisis”, cuándo se añade el contagio y si están en cuarentena en sus casas.

También es importante saber el lugar de trabajo y el contexto en el que trabaja o las funciones que ejerce, con respecto a los pacientes con covid-19, la percepción que tiene de estos pacientes y del trabajo que realiza y como interactúa con sus colegas. Estando en cuarentena se comunican con sus colegas, se informan de cómo están pasando la cuarentena y el coronavirus y le informan sobre la situación dramática del trabajo con pacientes en estado difícil, entre hospitalizados, la demanda y los que están en riesgo de muerte por la falta de respiradores.

El afrontamiento de estos profesionales de la salud de primera línea, que tienen un conocimiento más inmediato de la situación del virus, es saber cómo, lejos de la situación laboral, lejos de sus colegas, es centrarnos en el encierro forzado y con el contagio, según la primera prueba covid19 que dio positivo.

Creo que una segunda intervención es contextualizar el abordaje y cuál es el rol o el “lugar” que ocupamos nosotros en la tele-terapia psicológica.  Varios profesionales con los que conversaba estaban aún “prendidos” o “anclados” a la situación traumática vivida después que la prueba del hisopado les dio positivo. Es mejor salir de la condición postraumática, pero ahora la situación es diferente, aunque siguieron “atrapados” a la vivencia anterior les es difícil al inicio reconocer, aceptar que –ahora- están contagiados por el “enemigo” invisible. Antes fue un enemigo imaginario. Ahora es real.

Entonces, en tercer lugar del abordaje de la tele-terapia empezaré con dos preguntas:

¿Cómo hacemos para redefinir el lugar que ocupa hoy el trabajador de salud como paciente con covid-19 y cuál es el lugar del psicólogo o psicóloga? Como observadores, no estamos fuera del vínculo, no estamos fuera del sistema interaccional con el paciente con covid-19. Por lo tanto, depende de cómo nosotros vamos centrando el setting, el tele-proceso y la forma en la que se va construyendo la alianza tele-terapéutica. ¿Cuál es nuestro teletrabajo entonces? Recordemos que no hay mejor alianza terapéutica que a través de nuestra postura, generamos en el interlocutor la necesidad de tener a alguien a quien contar lo que piensa, siente y actúa.

El trabajador de salud de primera línea frente a los pacientes con covid19 está tan comprometido e involucrado con su trabajo que, aun este en aislamiento, continúa con una narrativa repetitiva y saturada del trabajo que realiza. Una estrategia para reubicar a nuestro interlocutor (paciente con covid19) es trazar un límite entre el trabajo que realiza en el hospital y el contexto familiar.

Ahora, en la cuarentena, la familia tendrá un rol fundamental en la adaptación al proceso del encierro protector. Por eso es importante que nos de informacion sobre la familia (con quién vive, quienes son las personas que tienen conocimiento de que ahora la madre, tía, hermana o el padre, hermano tío esta con covid-19). Esa respuesta tiene como función elaborar el genográma del contexto de la crisis.

Tenemos que crear un vínculo nuevo, diferente con nuestro teleoyente, contagiado de covid19. Quien va a generar el “campo” del diálogo es nuestro interlocutor. Una herramienta que los narrativistas llamaban “la teoría binocular del cambio”. Empezamos por ubicar el covid-19 en su cuerpo. ¿Cómo se siente ahora en su casa, en cuarentena con la prueba que ha dado positivo? Recordemos que la situación de nuestra interlocutora o interlocutor es diferente al contexto en donde quizás se contagió. Nuestro trabajo aquí es dar “contención” emocional en el contexto de la cuarentena y antes de la segunda prueba de covid19.

Con la redefinición del teletrabajo y nuestra participación empezamos apreciar lo que muchos autores han definido como “escucha activa”. Escuchar es esencial, es entender lo que nos están argumentando, dejando al paciente la dirección del diálogo, pero introduciendo cuando sea necesarios pequeños interrogantes de trayectoria que faciliten la clarificación, la catarsis, en función de nuestra actitud de escucha continente.

Primero es el soporte emocional: la angustia de que ahora puede contagiar a sus familiares, a sus hijas o hijos pequeños, al esposo etc. El miedo a agravarse y morir por el covid-19, a perder el trabajo o incluso a regresar y volver a contagiarse. De hecho hay un sentimiento de indefensión.

Cognitivamente, pero también en el espacio emocional estas argumentaciones, son útiles para pasar de lo “real” a lo “imaginario” y viceversa. No olvidemos que ahora trabajamos en un espacio psicosomático. Cuerpo, mente y espacio relacional están unidos. Nunca estuvieron separados.

Estratégicamente prescribí a una tecnica de enfermería que, al ir a trabajar, dada su angustia a contaminarse, a pesar de sus protecciones que ejercía, le daba mucho más poder al virus que a su protección. Le dije que le faltaría un gorro para el trayecto de su casa al trabajo. Ella sentía una opresión en el pecho. Viramos su percepción hacia la percepción total de su protección con el gorro para el trayecto hacia su lugar de trabajo.

Su narrativa estaba dirigida hacia la manifestación de su ansiedad, pero después de dos días nos refiere que estaba con bronquitis y el médico que la atendió le dio descanso médico. Dos días después nos refiere que le fue bien en el trabajo y que había desaparecido la opresión en el pecho, que estaba tranquila y se pudo manejar muy eficientemente en su labor. Muchos de estos pacientes nos comunican su beneplácito reconocimiento de haber sido escuchados. Este aspecto nos hace definir la consulta telecomunicación como terapéutico.

Dado que ya está establecido el encuadre, es posible -a diferencia de las citas por consultorios externos- que el psicólogo o la psicóloga llame al trabajador o trabajadora de salud. Es así que, se modifica la demanda y motivación en función del interés sostenido del psicólogo o psicóloga en saber cómo va el proceso de cuarentena. No siempre tendríamos que esperar que la trabajadora de salud nos llame o se comunique con nosotros.

¿Qué y cómo sería una intervención en crisis?

Crisis en la que todos estamos todos involucrados. Sería entonces un procedimiento relacional, específico, a través de la telecomunicación, cuyo objetivo principal es redefinir la relación de fuerzas en lucha que forman la crisis, entre lo real y lo imaginario como temores, angustia depresión, miedo; incrementando la probabilidad de inclinar la balanza hacia el lado de la aceptación, los recursos resilientes  de la persona, la creación de fuerzas positivas.

El objetivo es hacer una corrección de la trayectoria del patrón covid19, hacía la creación de una visión diferente (pero no tanto), no estamos negando el contagio, el encierro, la cuarentena; lo que tratamos de hacer es ayudar a que estas personas cambien su percepcion, aceptando sus emociones, su pragmática (lo que ahora deben de hacer en sus acciones), este es el momento oportuno para generar grandes efectos.

A veces he buscado que el paciente con covid19 me narre qué o cuál es el significado del contagio. Es decir, saber qué significa para él o ella la epidemia. Las respuestas han sido variadas. “me contagie porque debí protegerme mejor” o “subieron a un paciente que no se habia confirmado su contagio y se le atendió de repente allí me contagie”. Hay una relacion entre contagio y desprotección, lo que justifica toda esta línea de prevención, que incluso los medios exhortan a protegernos. Se corrobora que no tenemos una cultura de la prevención.

Otro aspecto importante es que la comunicación tecnológica no se reduce necesariamente a una intercomunicación a través del zoom o el Skype. También es viable la telecomunicación a través del celular y el wattzapp. Muchos de los pacientes con covid19 y de salud no están tan entrenados para el manejo de otras formas de comunicarse técnicamente hablando. Les es más viable comunicarse a través del wattzapp o a través de la telecomunicación por celular.

Finalmente, tal como se titula el libro de Paul Watzlawick “El sentido del sin sentido”, aprenderemos a cambiar estilos de vida, nuestras estrategias de intervención terapéutica, lo que empezó como imaginario, ahora es real, buscar el sentido del sinsentido, es la labor y el trabajo terapéutico de nosotros, como personas y como psicólogos y/o psicólogas.

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