Aquí les paso un breve artículo de una querida amiga y colega, quien con la gentileza que la caracteriza me autorizó a colgarlo en mi blog. Espero sea de su agrado.
ADOLESCENTES PREPOTENTES: «DONDE MANDA CAPITÁN, NO MANDA MARINERO»
Mag. Martha Marín Sheen (*)
La tarea natural de una familia sería la de crear y formar individuos adultos y autónomos, capaces de dar y recibir , de separarse de la familia y recorrer sus propios caminos.
Buscando dejar atrás el estilo del padre autoritario, se ha caído en la figura del “padre-amigo”, que no usa su posición o autoridad y que se pierde en explicaciones. Pero el hecho es que la relación padres-hijos es jerárquica y no recíproca.
En las familias con hijos pre-adolescentes (desde los 9 o 10 años) y adolescentes desafiantes y prepotentes, cada vez que algo no funciona, en lugar de intentar unirse y buscar soluciones, ambos padres se culpabilizan, se enfrentan u optan por callar y bajar la cabeza sin intervenir, dejando que los hijos hagan lo que quieran. Si no se pierden en los desacuerdos, deciden abundar en explicaciones para persuadir al hijo, mientras se justifican interminablemente.
Entonces, encontramos hijos que desafían hostilmente, insultan y/o amenazan o golpean a los padres, llegando incluso a mentir y robar. Ellos tienen padres que han asumido actitudes y posiciones débiles y privadas de autoridad. Más aún, muchas veces se trata de padres enfrentados o aislados: los desacuerdos pueden provenir de disputas conyugales crónicas, que se trasladan al ámbito parental. Aquí están los padres que hacen coalición con los hijos, humillando o descalificando a las madres.
La relación parento-filial necesita partir de una interacción vertical y estructurada: padres en lo alto e hijos abajo. El error de los padres de hijos prepotentes es que se ubican “todos en el mismo nivel”, con un estilo educativo permisivo y laxo, que construye personalidadades arrogantes, inseguras, desafiantes e irresponsables. Sus padres sólo enseñan a los hijos a recibir indefinidamente y nunca a dar o agradecer.
En la relación padres-hijos, los padres tienen que empezar por respetarse mutuamente. Ambos deben saber que no son ni pueden ser amigos o compañeros, ni tampoco iguales respecto a sus hijos. Los padres son los que guían, los que tienen que dirigir. Los hijos necesitan reglas claras en un contexto familiar que los contenga, con límites definidos, donde los adultos cumplan el rol de personas firmes, que son los que conducen porque saben adónde van y señalan qué se puede hacer y qué no.
Los padres débiles, los que ceden y dan sin pedir ningún tipo de esfuerzo a cambio, permiten al hijo aprender el arte de conseguir con sólo pedir y levantar la voz.
Los padres firmes, que demuestran mutuo respeto, que deciden de común acuerdo las reglas y límites, que dicen «no», que piden y dan sólo si hay esfuerzo y voluntad de la otra parte, son los padres que respetan a sus hijos, mostrándoles el camino de un amor justo y responsable.
(*) Psicóloga del Servicio de Psicología del Hospital Almenara. Terapeuta Familiar y de Parejas. Asociada de la International Family Therapy Association.
cuales son las posibles técnicas o estrategias para el proceso de intervención en el caso de un adolescente prepontente?